GILBERTO BONILLA SANCHEZ

16 06 2009
FILOSOFO-UIS MAGISTER EN PEDAGOGIA-UIS INVESTIGADOR EN DEMOCRACIA Y CIUDADANIA

DOCENTE HUMANIDADES: – UNIVERSIDAD SANTO TOMAS-BUCARAMANGA – UNIDADES TECNOLOGICAS DE SANTANDER CONTACTO: gbonillasan@hotmail.com- gbonillasan@gmail.com

Campaña Biociudadanía

campana-biociudadania-2016

Libro Pensar la ciudadanía: Condición Humana y Democracia:

portada libro

Pensar la Ciudadanía primera parte

Pensar la Ciudadanía segunda parte

Un aporte para la reflexión:

Otra historia cotidiana de una niña que juega a ser mujer

Gilberto Bonilla Sánchez

Cada día en Colombia 39 niños o niñas son víctimas de abuso sexual.

Dedicado a las miles de niñas invisibles que han sido víctimas de abuso sexual y han tenido que construir un futuro no deseado.

Yuli está próxima a cumplir 18 años, pero desde hace 4 vive a diario una historia que parece sacada de un cuento irreal. Nació en el hogar conformado por el hoy difunto don Mario de quien heredó una pensión que mes a mes es motivo de acercamiento o discordia con su mamá dependiendo del monto de dinero que Yuli le comparta. Es la mayor de tres hermanos: Jairo que también es hijo del difunto señor y Carmen que es el reciente fruto de la relación sentimental que hace cinco años tienen doña Sandra y  don Alberto.

Viven en un sector popular de la ciudad en una estrecha casa donde por falta de puertas y espacios se comparte hasta la intimidad. Yuli duerme con sus hermanos en la improvisada sala de su hogar sobre algo que tal vez hace algunos años pudo haberse llamado colchón. La única habitación de la casa es ocupada por la concubina pareja. Allí hay una cama de madera, una silla con ropa colgada, una mesa llena de objetos y el baño que entre todos los habitantes de este hogar se debe compartir.

El desarrollo de Yuli fue bastante traumático, ella nunca había hablado de este tema con su mamá y la evidencia en la falda del uniforme de su cambio hormonal la avergonzaron ante sus compañeros de colegio. Yuli tenía 13 años, cursaba séptimo grado y todavía pensaba y se comportaba como una niña aunque su cuerpo le indicara que empezaba a ser mujer.

En repetidas ocasiones Yuli sorprendió a don Alberto tratando de observarla por entre la cortina de plástico que dividía la zona de la ducha del sanitario, pensó que la insistencia de su padrastro tenía que ver con la urgencia de quien necesita usar el baño, hasta el día que atrevidamente éste ingresó al baño, corrió la cortina y con un tono que ella nunca le había escuchado le dijo lo bien formada que estaba y todos los deseos que su imaginación recreaba.

Don Alberto intentó varias veces, “a las buenas”, como alguna vez le dijo, abusar sexualmente de Yuli. Como un feroz y salvaje cazador acechaba a su víctima a diario aprovechando que su horario de descanso coincidía con el de Yuli para almorzar, alistarse y salir para el colegio.

El día de la inauguración de los juegos interclases Yuli no llegó al colegio. Era la encargada de ayudar a vestir, peinar y maquillar a la madrina y las demás compañeras de su grupo. Esta tarea le había sido encomendada porque su gusto por la estética y su sueño de ser la dueña de su propio salón de belleza la habían llevado a convertirse casi en una experta estilista. Yuli, con más dolor en el alma que en su profanado cuerpo, prefirió, en contra de las amenazas de don Alberto, quedarse en casa a esperar a su mamá para mostrarle las consecuencias de no haber confiado en ella y haberla llamado mentirosa, mostrona, provocadora y vagabunda.

Doña Sandra, mantuvo su postura, culpó a Yuli por lo sucedido, justificó la actitud de don Alberto desde el ancestral argumento de la debilidad del hombre que cede ante la tentación de la carne. Golpeó con palabras y con sus propias manos el pecaminoso cuerpo de Yuli, le propuso dejar de seducir a su marido y buscarse uno que la mantuviera y se la llevara lejos para que no perturbara la armonía que con tanto sacrificio ella había construido en este hogar y le hizo poner las barras de planificación sexual para evitar accidentes.

Don Alberto tomó represalias, él amenazó con agredir físicamente a Yuli si contaba lo que para él era un íntimo secreto entre ellos y ante la ruptura del pacto Yuli tenía que asumir las consecuencias. Abusó física y sexualmente de ella durante los siguientes meses hasta que llegaron las fiestas de fin de año, en plena reunión familiar, don Alberto, ya consumido en el alcohol, dejó salir su instinto animal y ante la mirada atónita  de sus hermanos intentó besar y tocar a Yuli para demostrarles quién manda en este hogar.El único en reaccionar ante la escalofriante escena fue David, un hombre de 48 años y hermano mayor de Alberto que sintió indignación por Yuli y creyó tener el poder jerárquico para reprender al acosador.

Desde ese día Yuli vive en un apartamento ubicado en un buen sector de la ciudad, terminó su bachillerato, estudia estética corporal, es la compañera sentimental de David, madrastra de Samuel, no ha vuelto a ser abusada por Alberto y su mamá la llama los primeros días del mes para pedirle que vuelva a casa y de paso reclamar parte de la mesada que dejó don Mario y que dentro pocos meses, por culpa de la mayoría de edad, Yuli dejará de recibir.